
Cuando comienzan las explosiones en las calles vacías, al caos general se unen los gritos
y llantos de los niños que se oyen desde las casas palestinas.
"Muchos niños han dejado de comer.
Están apáticos y casi no hablan.
Están pegados a sus padres dia y noche", explica Sajyal Mughani, un trabajador de del Fondo de Naciones Unidas para la infancia.
"Los niños viven con miedo a la oscuridad" , añade.
( Diario Austral de Valdivia martes 6 de dic)